Pequeños asesinos

— El viento soplaba con fuerza aquella noche. Un portazo en la habitación de los niños me despertó y medio dormida me acerqué a ver qué pasaba– tomó agua antes de continuar hablando con voz quebrada–. No pude abrirla, parecía como si alguien sujetara con fuerza el picaporte desde dentro. Me asusté mucho y empecé a dar patadas y golpes en la puerta hasta que se abrió…–se quedó un momento en silencio, con la cara desfigurada en una mueca de terror– y vi algo entrar en el cuerpecito de mi hija por la boca. Parecía un pequeño roedor o algo así. Corrí hacia ella e intenté despertarla, respiraba con dificultad. Gritaba de dolor. La cogí en brazos y la llevé al hospital. Les expliqué lo que había visto pero no me creyeron, la subieron en una camilla y se la llevaron.

— Su hija falleció al poco de llegar al hospital…

— Sí… — ya no podía controlar el llanto, se derrumbó–.

Los policías salieron de la sala donde se quedó aquella pobre madre llorando. Buscaron un rincón tranquilo para hablar.

— Seis niños muertos en la misma noche. Todos los padres cuentan lo mismo.

— Y según los doctores a todos les habían devorado el corazón desde dentro. No había rastro de ninguna criatura en su interior, solo los mordiscos para abrirse paso y devorarlo.

— Y esas criaturas que describen… ¿crees que son de verdad?

— No lo sé, pero conozco a la gente adecuada para averiguarlo.