¡Piratas!

Creo que nunca te he contado como nos hicimos con un barco pirata que llevaba el triple de tripulación que el nuestro…

 

Salimos temprano para aprovechar la jornada.  Como nuestra misión era diplomática y sólo teníamos que cruzar el lago nuestra dotación era escasa:  Nuestra delegación, a la que ya conoces, Ulf, Arkjel, Freyvar y yo mismo, y siete marineros, contando al capitán de nuestro langskip.

El viaje no estaba siendo incómodo y estaba yendo bastante bien, aunque a media mañana comenzó a asentarse una niebla que se fue espesando hasta el punto de tener que poner a uno de los marineros a otear.

Para nuestra desgracia los dioses habían dictaminado que no todo fuera apacible para nosotros y, de improviso, surgió de entre la niebla el feroz mascarón de un drakkar dispuesto a embestirnos.  La fortuna guió la mano de nuestro capitán y fuimos capaces de esquivar el golpe.  Pero el ataque no había hecho más que empezar.  Colocándose en paralelo a nosotros los piratas, pues eso es lo que eran, comenzaron a lanzar garfios a fin de asegurarse un asalto a nuestra nave.  ¡Sólo los dioses saben cuán desafortunada fue esa decisión para ellos!

En el momento en que comenzaron el asalto nosotros ya estábamos dispuestos.  Nos superaban a razón de tres hombres por cada uno de nosotros, pero eso no supuso ningún problema.  ¡No hay enemigo demasiado grande cuando te espera el Valhalla!

Como os decía, cuando nos asaltaron los estábamos esperando y la primera oleada cayó como hierba bajo la guadaña.  Dos de ellos cayeron antes de tocar nuestro barco, uno destripado por Ulf y otro partido en dos por Askjel.  También Freyvar hizo un buen trabajo, y hasta este, vuestro humilde narrador, se encargó de alguno de los asaltantes con magia y acero.

Mientras nuestra tripulación mantenía a raya a los asaltantes, Askjel causaba estragos en sus filas, de modo que cuando tuve la oportunidad me alcé sobre uno de nuestros cofres y les conminé a rendirse.

—¡Guerreros! —les dije— Si soltáis vuestras armas quizá viváis lo suficiente como para luchar otro día.  Si no lo hacéis, moriréis ahora mismo, masacrados por muchos menos guerreros, sin honor.

Quizá fue mi discurso.  Quizá la visión de un Askjel cubierto de sangre y gruñendo.  Quizá fue una sutil combinación de ambos.  Pero funcionó.  La media docena de guerreros enemigos que quedaba en nuestro barco depuso las armas y sus cobardes camaradas comenzaron las maniobras para huir.

Aunque Askjel tenía otros planes para ellos…

Mientras Ulf y yo nos encargábamos de los prisioneros, Freyvar acercó ella sola (mis compañeros nunca dejan de sorprenderme) el barco enemigo usando sus propios garfios y permitió a Askjel saltar por la borda a su cubierta. El tiempo para rendirse había pasado y Askjel liberó toda su furia invocando al gran Thor con un sonido a medio camino entre grito y rugido.  En poco tiempo él fue lo único que quedaba en ese barco con vida.  

¡Esa mañana Hela tendría que buscar ayuda para colocar tantas almas!

Una vez dominado el barco enemigo y enviado a casa continuamos con nuestra misión.

 

Pero esa historia queda para otra noche…  

– Egil, el skalda [Yggdrasill]